viernes, 10 de abril de 2009






capitulo eliminado de crepusculo



En Las Vegas

A la mañana siguiente, fuimos al casino. La luz natural nunca llegaba a tocar la zona de juego, así que fue más fácil.

Edward me contó que generalmente esperaban ir a perder algo de dinero en el hotel - una suite como la nuestra estaba reservada para aquella clase especial de visitantes conocidos como grandes apostadores.

Mientras ellos caminaban - y yo iba en mi silla de ruedas - a través de los miles de metros de suelo elegantemente decorado del casino, Alice se detuvo tres veces en una peculiar tragaperras y deslizó una targeta por el escáner. Cada vez que lo hacía, las sirenas sonaban muy fuerte, las luces giraban, y una simulación electrónica de monedas cayendo indicaba que su premio había sido abonado a su habitación.

Ella trató que yo lo hiciera una vez, pero negué con la cabeza con escepticismo.
- Pensé que se suponía que deberías perder dinero - le acusé.

- Oh, lo haré - me aseguró - Pero no hasta que les haga sudar un poco. - Su sonrisa era pecaminosa.

Llegamos a una sección más lujosamente decorada del inmenso casino, donde ni habían tragaperras ni turistas vestidos de forma informal con vasos de plástico llenos de cambio. Las sillas de felpa reemplazaban los taburetes giratorios de bar, y las voces eran silenciosas, serias. Pero nosotros continuamos aún más lejos, a través de un conjunto de vistosas puertas doradas hacia otra habitación, una habitación privada, más opulenta aún. Al fin entendí porqué Alice había insistido en la seda cruda, el chal verde esmeralda que me había puesto hoy alrededor de mi vestido, porqué ella vestía con un largo pareo blanco satinado - con un top de encaje que dejaba al descubierto su plano y blanco estómago - y porqué Edward estaba tan abrumador e irresistble con otro traje de seda ligera.

Los jugadores de esta habitación estaban vestidos con un exclusivo esplendor cuyo coste estaba más allá de mi imaginación. Unos cuantos de los hombres más mayores e impecables hasta tenían jóvenes mujeres con vestidos largos de brillantes y sin tirantes que estaban detrás de sus sillas, tal como en las películas. Me compadecí de las bellas mujeres en cuanto sus ojos recorrieron a Alice y Edward, dándose cuenta de sus propios defectos cuando ellas midieron a la primera, y los defectos de sus parejas cuando se comían con los ojos al segundo. Yo era el enigma, y sus ojos se apartaron de mí insatisfechas.

Alice se deslizó hacia las largas mesas de la ruleta y yo me avergonzé en cuanto pensé en los estragos que causaría.

- Tú sabes cómo se juega al black jack, por supuesto - Edward se inclinó hacia delante para murmurarme en la oreja.

- ¿Estarás de broma? - Sentí el color escurriéndose de mi cara.

- Sabiendo la suerte que tienes, dejarte jugar sería la mejor forma de perderlo todo - rió entre dientes. Me empujó hacia una mesa con tres sillas vacías. Dos immaculadamente vestidos, excepcionalmente solemnes hombres asiáticos echaron un vistazo hacia arriba con incredulidad en cuanto Edward me levantó con cuidado hasta una de las sillas de terciopelo, y cogió un asiento al lado mío.

La delicada y preciosa oriental que estaba de pie al final de la mesa miró con una insultante incredulidad cuando Edward acarició mi pelo posesivamente.

- Sólo usa una mano - me habló en voz baja casi en silencio en mi oído - Y guarda tus cartas encima de la mesa.

Edward le habló al crupier en voz baja, y aparecieron dos impresionantes pilas de fichas de azul oscuro encima de la mesa enfrente de nosotros. No tenían números - y tampoco lo quería saber. Edward empujó hacia delante una pequeña pila de las suyas, y una más grande de las mías. Miré enfurecida a Edward con un avergonzado pánico, pero él sólo sonrió con travesura mientras que el crupier repartía las cartas rápidamente. Cogí mis cartas con cuidado, sujetándolas con rigidez sobre la mesa. Tenía dos nueves. Edward cogía sus cartas sin apretar; pude ver que tenía un cinco y un siete. Miré con cautela a los dos señores que estaban cerca de mí, concentrada y aterrada, observando detenidamente para ver cuál era el protocolo para una mesa de black jack de grandes apostadores. Para mi alivio, parecía fácil. El primero extendió la parte superior de sus cartas brevemente contra el fieltro, y recibió una carta, el segundo metió la esquina de sus cartas debajo del montón de fichas de su apuesta, y no quiso nada. Rápidamente puse mis cartas hacia abajo, empujándolas torpemente debajo de mis fichas - con las mejillas ardiéndome - cuando el crupier me miró. Me di cuenta tarde que el crupier tenía una reina. Edward rozó la mesa ligeramente, y la crupier le lanzó en la mesa un nueve boca arriba enfrente de él. Le miré, mientras los hombres de detrás mío murmuraron con admiración.

El crupier tenía un jack, y yo perdí, como también los dos señores asiáticos. Suavemente nos liberó de nuestra fichas. Escuché un apagado alboroto que venía de la mesa de la ruleta, y tuve miedo de mirar. Edward empujó otra pila de mis fichas sobre la mesa, y el juego empezó otra vez.
Cuando mis fichas desaparecieron, Edward me pasó parte de las suyas, incapaz de contener su divertida sonrisa. Lo estaba haciendo bien, ganando tres veces, que la mayoría de las veces que los otros hombres de la mesa. Pero, con el tamaño de mis apuestas controlado por él, estaba perdiendo fichas más rápido de las que él podía recoger. Todavía tenía que ganar una mano. Era humillante - pero al menos estaba segura que nunca me convertiría en una adicta al juego.

Finalmente, perdí nuestra última pila de fichas. Los señores asiáticos, y su escolta femenina, observaron a Edward con impresionada curiosidad cuando él no pudo contener por más tiempo su alegría, riendo entre dientes silenciosamente, pero con un profundo regocijo, mientras él me volvía a sentar en la silla de ruedas. Me sonrojé y mantuve la mirada en la gruesa alfombra mientras me empujaba hacia fuera, aún riéndose.

- Soy la peor jugadora de la historia - murmuré disculpándome.

- En realidad, no lo eres. Eso es lo que lo hace más divertido - se rio de nuevo. - Tú no hiciste nada mal, aparte de jugar un poco cautelosamente. Lo extraño hubiera sido que hubieras perdido todas las manos… - sacudió la cabeza, sonriendo abiertamente.

Llegamos a la mesa de la ruleta justo a tiempo de ver cómo Alice perdía su espectacular pila de fichas de todos los colores en un sólo desastroso giro de volante. Muchos de los jugadores esperanzados que habían apostado con ella a diecisiete al black, le miraron con mirada asesina decepcionados. Ella se rio, un vibrante y despreocupado sonido, y se unió a nosotros.

- ¿Perdimos suficiente? - susurré mientras salíamos por las puertas de oro.

- Creo que la casa está satisfecha. Probablemente eres su clienta favorita de hoy - se rio él por lo bajo.

- Por favor, prométeme una cosa.

- Lo que quieras.

- Nunca, jamás me digas cuánto dinero hemos perdido hoy, por favor.
Para entonces, ya estábamos en el ruidoso casino, y su risa era incontrolada.


Emmet y el Oso

Me sorprendió encontrar un extraño vinculo creciendo entre Emmet y yo, especialmente teniendo en cuenta que él había sido el que más miedo me daba de todos ellos. Tenia que ver con el modo en que ambos habíamos sido elegidos para entrar en la familia; los dos habíamos sido amados – y habíamos amado en respuesta – mientras éramos humanos, aunque por poco tiempo para él. Solo Emmet recordaba – y solo él comprendía el milagro que Edward era para mí.

Hablamos de ello por primera vez una tarde mientras los tres estábamos sentados en los sofás de la habitación principal, Emmet entreteniéndome tranquilamente con recuerdos que eran mejores que cuentos de hadas, mientras Edward se concentraba en el canal de cocina – había decidido que quería aprender a cocinar, ante mi incredulidad, y le era difícil sin el apropiado sentido del gusto o del olfato. Después de todo había algo que no sabia hacer de forma natural. Su perfecto entrecejo se frunció mientras el famoso chef sazonaba otro plato de acuerdo a su gusto. Yo suprimí una sonrisa.

“Para ese entonces él ya había terminado de jugar conmigo, y supe que iba a morir.” Recordó Emmet suavemente, dando un giro al relato de sus años humanos con la historia del oso. Edward no nos prestaba ninguna atención; ya la había oído antes. “No podía moverme, y mi conciencia se estaba disipando, cuando escuché lo que pensé que seria otro oso, y una lucha por ver quien se quedaba con mi cadáver, supuse. De repente sentí como si volara. Me imaginé que había muerto, pero intenté abrir los ojos de todos modos. Y entonces la vi -” Su rostro parecía incrédulo ante el recuerdo; yo le comprendía completamente, “– y supe que estaba muerto. Ni siquiera me importaba el dolor – luché por mantener mis párpados abiertos, no quería perderme ni un segundo el rostro del ángel. Estaba delirando, por supuesto, preguntándome por que no habíamos llegado al cielo aún, pensando que debía de estar más lejos de lo que yo había creído. Y entonces me llevó ante Dios.” Él rió con su risa profunda y atronadora. Yo entendía perfectamente qué alguien hubiese pensado aquello.

“Pensé que lo que ocurrió a continuación era mi juicio final. Había tenido un poco de demasiada diversión durante mis 20 años humanos, así que no me sorprendieron las llamas del infierno” Rió de nuevo, aunque yo me estremecí. El brazo de Edward me rodeó con más fuerza de forma inconsciente.

“Lo que me sorprendió fue que el ángel no se marchó. No podía entender como algo tan hermoso podía estar en el infierno junto a mí – pero estaba agradecido. Cada vez que Dios venia a echarme una ojeada, yo temía que se la llevase, pero nunca lo hizo. Comencé a pensar que quizás esos predicadores que hablaban de un Dios piadoso tenían razón después de todo. Y entonces el dolor desapareció…y me lo explicaron todo.

Les sorprendió lo poco que me afectó todo ese asunto de los vampiros. Pero si Carlisle y Rosalie, mi ángel, eran vampiros ¿Qué tan malo podía ser aquello?” Yo asentí, completamente de acuerdo, mientras él continuaba. “Tuve unos cuantos problemas con las reglas…” rió entre dientes. “Tenias las manos llenas conmigo al principio, eh?” el empujón juguetón de Emmet al hombro de Edward nos balanceó a los dos. Edward dejó escapar un leve gruñido sin apartar la vista de la TV.

“Así que ya ves, el infierno no es tan malo si consigues mantener a un ángel a tu lado” me aseguró de forma traviesa. “Cuando él consiga aceptar lo inevitable, te irá bien”

El puño de Edward se movió tan rápidamente que no vi lo que golpeó a Emmet lanzándole sobre el respaldo del sofá. Los ojos de Edward no se apartaron de la pantalla.

“Edward!” le reprendí, horrorizada.

“No te preocupes, Bella” Emmet estaba tan sereno, de vuelta en su asiento. “Sé dónde encontrarle” Miró por encima de mi hacia el perfil de Edward. “Tendrás que hacerlo alguna vez” advirtió.

Edward a penas si gruñó de nuevo como respuesta sin alzar la mirada.


El Baile


-¿Cuándo piensas decirme que es lo que pasa Alice?

-Ya verás, se paciente- ordenó sonriendo socarronamente

Estábamos en mi camioneta pero ella estaba conduciendo, tres semanas más y podría liberarme del yeso para caminar, después iba a poner mi pie sano a trabajar, en realidad me gustaba manejar.

Era finales de mayo y de alguna manera la tierra alrededor de Forks se las había arreglado para verse mas verde de lo normal, era hermoso por supuesto, y yo de alguna manera, me estaba reconciliando con el bosque, por que había pasado más tiempo ahí que usualmente, la naturaleza y yo todavía no éramos muy amigos, pero estábamos acercándonos. El cielo era gris pero de cualquier manera daba la bienvenida, era un gris perlado, no sombrío, y no parecía que fuera a llover, estaba casi lo suficientemente cálido para mí, las nubes eran densas y seguras, el tipo de nubes que me parecían lindas por la libertad que garantizaban. Pero a pesar del entorno agradable, yo me sentía nerviosa por el extraño comportamiento de Alice.
Había insistido en un día absolutamente para chicas este sábado por la mañana, llevándome a Port Angeles para hacernos manicure y pedicure. Se negó a dejarme usar el sencillo tono rosa que yo había elegido, en su lugar ordenó a la manicurista que pintara mis uñas con un barniz rojo obscuro y brillante, insistiendo en que también me pintaran las uñas del pie que tenía enyesado. Luego me llevó a comprar zapatos aunque yo sólo pudiera probarme la mitad del par, contra mis estridentes protestas me compró un par de incómodos y sobre valuados stilettos que se veían un poco peligrosos, sujetados solo por listones satinados que cruzaban sobre mi pie y ajustaban en un moño detrás de mi tobillo; eran de un azul intenso y yo trataba de explicarle en vano que no tenía nada con que poder usarlos, incluso en mi closet vergonzosamente lleno de ropa de ropa que ella me había comprado en Los Angeles, la cual era demasiado ligera para usar en Forks estaba segura de que no había nada que pudiera combinar con esos zapatos. Incluso si tuviera algo perfecto escondido en algún lugar de mi guardarropa, mi ropa no era apropiada para los stilettos, yo no estaba acostumbrada a los stilettos. Apenas podía caminar sin incidentes en calcetines, pero mi sólida lógica no era importante para ella, ni siquiera lo iba a discutir.

-Bueno no son Bivianos, pero son bonitos- murmuró, y no habló más mientras daba su tarjeta a unos intimidados empleados.

Me consiguió comida en un establecimiento de comida rápida en el cual me pasaron la comida por la ventanilla del auto, diciéndome que debía comer ahí pero negándose a explicarme por qué tanta prisa, además tuve que recordarle varias veces que mi camioneta simplemente no era capaz de funcionar como un auto de carreras aún con las modificaciones de Rosalie y que por favor le diera un descanso a la pobre máquina. Usualmente Alice era mi chofer preferido, no parecía molestarle manejar solo 20 o 30 millas sobre el límite permitido, algo que otras personas no podían tolerar. Pero el itinerario secreto de Alice era solo la mitad del problema, también estaba patéticamente ansiosa por no haber visto la cara de Edward en casi seis horas, lo que era un récord para los últimos 2 meses. Charlie se había puesto difícil pero no imposible, se había reconciliado con la presencia constante de Edward cuando regresaba a casa ya que no encontraba nada de que quejarse ya que nos hallaba haciendo tarea en la mesa de la cocina, incluso parecía disfrutar la compañía de Edward cuando gritaban juntos en los juegos de ESPN, pero había perdido poco de su severidad original cuando precisamente a las 10 en punto de la noche cada día sostenía la puerta para que Edward saliera, por supuesto Charlie era completamente inconsciente de la habilidad de Edward para regresar su auto a casa y estar en mi ventana en menos de 10 minutos. Era mucho más agradable con Alice, algunas veces daba pena. Obviamente hasta que cambiara mi aparatoso yeso por algo más fácil de manejar necesitaría la ayuda de una mujer. Alice era un ángel, como una hermana, cada noche y cada mañana aparecía para ayudarme con mi rutina diaria, Charlie le estaba profundamente agradecido de ser liberado del horror de una hija casi-adulta que necesitaba ayuda para bañarse, ese tipo de cosas estaban lejos de ser adecuadas tanto para el como para mi si era el caso. Pero era con algo más que gratitud con la que Charlie la había apodado “Angel” y la miraba perplejo mientras ella bailaba sonriente por la pequeña casa iluminándola, ningún humano podía evitar ser afectado por su asombrosa belleza y gracia. Y cuando ella se deslizaba a través de la puerta cada noche, se despedía de Charlie con un afectuoso “nos vemos mañana Charlie” lo dejaba aturdido.

-Alice,¿ ya nos vamos a casa?- entendiendo por eso que me refería a la casa blanca del río

-Sí –pero conociéndome bien, agregó: Pero Edward no está ahí…

Fruncí el ceño, ¿Dónde está?

-Tenía algunos encargos que hacer

-¿Encargos? Repetí inexpresivamente, -Alice -mi tono se volvió persuasivo-Por favor dime que sucede.

Sacudió la cabeza sonriendo. – Me estoy divirtiendo mucho- explicó; cuando llegamos a la casa me llevó directamente a su baño que era del tamaño de una recámara, me sorprendió encontrar a Rosalie ahí, esperando con una sonrisa celestial, parada detrás de una silla baja color rosa, una alucinante variedad de herramientas y productos cubrían el largo tocador.

-Siéntate- me dijo Alice lo consideré un minuto pero decidí que ella estaba preparada para usar la fuerza en caso de ser necesario, cojee hasta la silla y me senté con toda la dignidad que me fue posible Rosalie inmediatamente comenzó a cepillar mi cabello
-No creo que tú vayas a decirme de que se trata esto, ¿verdad?- observé

-Puedes torturarme – Dijo entretenida con mi cabello

- Pero nunca hablaré

Rosalie sostuvo mi cabeza en el lavabo mientras Alice con un shampoo que olía a menta y uva. Alice secaba con una toalla entre la maraña de cabello mojado furiosamente y luego rociaba casi una botella entera de algo más, el segundo olía como pepino, mientras lo rociaba seguía con la toalla en la mano. Después peinaron rápidamente el desastre que tenía por cabello y el producto que olía a pepino controló mi cabello, tal vez después tomaría un poco de eso, cada una tomó una secadora de cabello y se pusieron a trabajar; mientras los minutos pasaban y ellas seguían descubriendo mechones húmedos, sus caras empezaron a verse un poco preocupadas ,sonreí alegremente, había cosas que ni siquiera los vampiros podían acelerar.

-Tiene una enorme cantidad de cabello- comentó Rosalie con una voz ansiosa

-“¡Jasper!” llamó claramente Alce aunque su tono no era elevado

–¡Consígueme otra secadora de cabello! Jasper llegó al rescate y de algún modo con dos secadoras más, las cuales apuntó hacia mi cabeza, realmente divertido, mientras trabajaba.

-Jasper… comencé esperanzada

-Lo siento Bella no tengo permitido decir nada
Escapó agradecido cuando finalmente todo estuvo seco y esponjado, mi cabello permanecía a 3 pulgadas de mi cabeza.

-¿Qué me han hecho?- pregunté horrorizada, pero me ignoraron y sacaron una caja con tubos calientes. Traté de convencerlas que mi cabello no se rizaría, untaron en mi cabello algo de un amarillo poco saludable antes de enrollar mi cabello en el rizador caliente.

– ¿Encontraste zapatos?- Preguntó Rosalie intensamente como si la respuesta fuera de vital importancia.

–Sí, son perfectos- ronroneó Alice con satisfacción
Observé a Rosalie en el espejo mientras ella asentía con la cabeza, como si le hubieran quitado un gran peso de encima.

–Tu cabello se ve bien- no es que no siempre se viera perfecto pero ese día lo había levantado creando una corona de ligeros ricitos encima de su perfecta cabeza.

–Gracias- sonrió y siguió con otra sección de rizos

-¿Qué hay del maquillaje?- Preguntó Alice

-Es una molestia- me ofrecí aunque me ignoraron de nuevo

-No necesita mucho, su piel se ve mejor al natural- musitó Rosalie

-Solo un poco de color en los labios- replicó Alice

-Y delineador y rímel-agregó Rosalie –Solo un poquito
Suspiré ruidosamente, a Alice le causó mucha gracia ya que comenzó a reírse y me dijo:

-Sé paciente Bella, nos estamos divirtiendo.

–Bueno, mientras sea así…- musité

Los rizadores ya estaban sujetados fuerte e incómodamente a mi cabeza.

-Vamos a vestirla- la voz de Alice sonaba anticipadamente ilusionada. Ni siquiera esperó a que yo me arrastrara fuera del baño con mi yeso. En lugar de eso, me sacó y me llevó a la enorme y blanca habitación que Emmett y Rosalie compartían, en la cama había un vestido, azul intenso por supuesto.

- ¿Qué te parece?- Trinó alegremente

Esa era una buena pregunta, era ligeramente sobrecargado y aparentemente debía usarse muy ajustado se sujetaba en el hombro, sin tirantes pero con largas mangas que cubrían hasta las muñecas, las parte superior era de una tela muy fina

-Alice- gemí -No puedo usar eso

- ¿Por qué? – reclamó con voz dura

-Es completamente transparente

-Esto va debajo- Rosalie levantó una prenda de un azul pálido

- ¿Qué es eso?- pregunté temerosa

-Es un corsé, tontita- contestó Alice impaciente –Ahora, ¿te lo vas a poner? o prefieres que llame a Jasper y le pida que te sujete mientras lo hago por ti. Me amenazó

- Se supone que eras mi amiga- la acusé

- Sé amable Bella- musitó- No tengo ningún recuerdo de ser humana, trato de obtener algo de diversión indirecta contigo, además es por tu propio bien.

Me quejé y me sonrojé mucho pero no les tomó mucho tiempo meterme en el vestido, tenía que admitir que el corsé tenía sus ventajas.

–Wow- suspiré mirando hacia abajo- tengo un escote.

- ¿Quién lo hubiera imaginado?- dijo Alice mientras contemplaba encantada su trabajo, yo por otro lado no estaba completamente convencida.

– No crees que este vestido es un poco… no se, ¿demasiado a la moda para Forks?- Pregunté

-Creo que el término que buscas es “Alta Costura”- musitó Rosalie mientas se reía

-No es para Forks, es para Edward- insistió Alice- Y está perfecto
Entonces me llevaron de regreso al baño soltaron los rizadores con mucha habilidad, para mi sorpresa cascadas de rulos cayeron sobre mi cara.

Rosalie jaló cuidadosamente la mayoría de estos retorciéndolos en una cola de caballo que se desbordaba hacia mi espalda y mientras ella trabajaba, Alice rápidamente pintó una fina línea negra alrededor de cada uno de mis ojos aplicó rímel y también labial rojo obscuro, luego salió como un dardo de la habitación y regresó en seguida con los zapatos.

–Perfectos – suspiró Rosalie mientras Alice los sostenía en alto para poder admirarlos, Alice me abrochó los mortíferos zapatos y le lanzó una mirada a mi y eso.

– Supongo que hemos hecho todo lo que hemos podido- sacudió la cabeza con tristeza – ¿No crees que Carlisle nos deje…? Preguntó mirando a Rosalie

-Lo dudo- contestó Rosalie secamente
En ese momento ambas entornaron la cabeza.

–Está de vuelta- yo sabía bien “quién” estaba de vuelta y por eso mi estómago estaba lleno de mariposas.

–El puede esperar, aún hay algo más importante- dijo Alice firmemente mientras me levantaba, lo que ahora era una necesidad ya que estaba segura de que no podría caminar con ninguno de mis pies, me llevó a su habitación donde amablemente me mantuvo frente al ancho espejo con marco dorado y me dijo:

-Ya está, ¿Ves?

Me quedé mirando a la extraña en el espejo, se veía muy alta en tacones con el largo y ajustado vestido añadiéndose al espejismo, era escotado, donde su inusualmente impresionante línea del busto llamaba mi atención, su cuello parecía muy largo, así como la columna de bucles en su espalda, tono azul era perfecto, resaltaba la palidez de su piel clara y el sonrojo de sus mejillas, era muy bonita, debía admitirlo.

–Sí Alice ya veo-

-No lo olvides me advirtió.

Me levantó de nuevo y me llevó a lo alto de las escaleras.

–Voltéate y cierra los ojos- ordenó para alguien escaleras abajo- ¡Y mantente fuera de mi mente!, No lo arruines.

Vaciló y caminando más lento de lo normal hacia debajo de la escalera hasta que pudo ver que el había obedecido, voló el resto del camino. Edward estaba parado en la puerta dándonos la espalda muy alto y misterioso, nunca lo había visto vestido de negro antes. Alice me enderezó alisando el plisado de mi vestido acomodando un rizo en su lugar, y luego me dejó ahí yéndose a sentar en el banco del piano para observar, Rosalie la siguió y fue a sentarse con ella en la audiencia.

– ¿Ya puedo ver?- su voz resonaba penetrante, lo cual hizo mi corazón latir más rápidamente.

–Ahora sí- contestó Alice.
Volteó inmediatamente y se quedó helado en ese lugar, sus ojos como topacio completamente abiertos. Podía sentir el calor subiendo lentamente hacia mi cuello y mis mejillas. Se veía hermoso, sentí una punzada del antiguo temor de que el era sólo un sueño, no era posible que fuera real. Estaba usando un esmoquin, el pertenecía a una a una pantalla de cine no a mi lado, lo miré fijamente con sobrecogimiento e incredulidad. Avanzó lentamente hacia mí dudando un poco antes de alcanzarme.

–Alice, Rosalie, Gracias- musitó sin apartar su mirada de mi. Escuché a Alice reír entre dientes por el placer. Se acercó un paso más y poniendo una fría mano bajo mi mandíbula presionó mis labios en mi cuello.

–Eres tú- murmuró contra mi piel, se alejó un poco y vi que en su otra mano había flores blancas -Fresia- me informó mientras acomodaba las flores en mi cabello- Redundante en lo que aroma se refiere claro. Se ladeó un poco para verme otra vez, sonrió, con el tipo de sonrisa que detenía mi corazón. -Te ves absurdamente hermosa-

-Yo iba a decir eso- traté de controlar mi voz lo mejor posible- Justo cuando empiezo a creer que de hecho eres real, apareces viéndote así, tengo miedo de estar soñando otra vez; me tomó rápidamente entre sus brazos, acercó su rostro al mío, sus ojos ardían mientras me acercaba cada vez más.

–Cuidado con el labial- se quejó Alice

Se rió con algo de rebeldía pero llevó su boca al hueco en la base de mi cuello, en lugar de a mi boca.

– ¿Estás lista para irnos?- preguntó

- ¿Nadie piensa contarme cual es la ocasión especial?

-No- Alice soltó una risita y Edward una risa encantadora, yo fruncí el ceño.

- ¿De qué me estoy perdiendo?

- No te preocupes pronto lo averiguarás me aseguró

-Suéltala Edward, para que pueda tomar una foto- Esme estaba bajando por las escaleras con una cámara plateada en las manos.

– ¿Fotos?, musité mientras el me dejaba cuidadosamente sobre mi tembloroso pie sano, tenía un mal presentimiento acerca de todo esto,-¿Aparecerás en una película?- pregunté sarcásticamente, el me sonrió abiertamente. Esme nos tomó varias fotos, hasta que Edward insistió en que llegaríamos tarde.

–Nos vemos ahí- mencionó Alice, mientras el me llevaba hacia la puerta.

– ¿Alice estará ahí? ¿A dónde sea que vallamos?- eso me hizo sentir un poco mejor.

–Y Jasper, Emmett y Rosalie.

Mi frente se frunció a causa del esfuerzo para deducir el secreto, mi expresión lo hizo reír.

–Bella- me llamó Esme –Tu padre está al teléfono.

- ¿Charlie?- Edward y yo preguntamos simultáneamente, Esme trajo el teléfono pero el lo robó mientras ella intentaba entregármelo, apartándome sin esfuerzo, sólo con un brazo.

– ¡Oye!- protesté, pero el ya estaba hablando.

- ¿Charlie?, soy yo ¿que pasa?, sonaba preocupado y palidecí, pero después su expresión se volvió divertida y un poco perversa. – Dale el teléfono Charlie, déjame hablar con el- Lo que sea que estuviera sucediendo, Edward se estaba divirtiendo demasiado como para que Charlie estuviera en peligro. Me relajé un poco.

-Hola Tyler, Soy Edward Cullen- su voz sonaba amistosa en apariencia, pero yo lo conocía bastante bien para captar el rastro de amenaza en su tono. ¿Que hacía Tyler en mi casa? Caí en cuenta de la terrible verdad.

–Lamento que se haya producido algún tipo de malentendido, pero Bella no está disponible esta noche- el tono de su voz cambió y la amenaza se hizo mas evidente mientras seguía hablando- Para serte totalmente sincero ella no va a estar disponible noche para cualquier otra persona que no sea yo. No te ofendas. Y lamento estropearte la velada- dijo, pero lo cierto es que sonaba como si no lo lamentara en absoluto. Cerró el teléfono de golpe mientras se extendía por su rostro una ancha y estúpida sonrisa.

- ¡Me llevas al baile de fin de cursos!- lo acusé mientras mi rostro y mi cuello enrojecían de ira, notaba como las lágrimas producidas por la rabia comenzaban a llenarme los ojos. El no esperaba esa reacción, eso estaba claro ya que apretó los labios y sus ojos se obscurecieron.

–No te pongas difícil, Bella-

- Bella, todos vamos a ir – me animó Alice súbitamente junto a mi hombro.

- ¿Por qué me hacen esto? – Reclamé

-Será divertido – Alice era muy optimista

Pero Edward murmuró en mi oído con su voz seria de terciopelo. - Solo se es humano una vez Bella, Compláceme – Y volcó toda la fuerza de sus abrasadores ojos en mí, derritiendo mi resistencia con su calidez.

–Bien- contesté, incapaz de mirarlo enfurecida tan efectivamente como me hubiera gustado –Iré sin hacer escándalo, pero ya verás- le advertí sombríamente – Con esta mala suerte de la que te has estado preocupando, tal vez me rompa la otra pierna, mira este zapato, ¡es una trampa mortal! – levanté mi pierna sana como evidencia.

–Hummm- miró atentamente mi pierna más tiempo del necesario y luego miró a Alice con ojos brillantes, - Gracias, de nuevo-

-Llegarás tarde con Charlie- le recordó Esme

- Cierto , vámonos- y me llevó afuera

-¿Charlie está enterado de esto? Pregunté con los dientes apretados.

–Claro- contestó alegremente.

Estaba tan preocupada que al principio no me di cuenta, apenas me percaté de un auto plateado que asumí sería el Volvo, pero luego el se encorvó tanto que pensé que me estaba dejando en el piso.

- ¿Qué es esto?- pregunté sorprendida por encontrarme en una cabina desconocida. – ¿Donde esta el Volvo?

-El Volvo es mi auto de todos los días- me dijo casi con cuidado, como si temiera que me diera otro ataque de rabia. -Este es mi auto para una ocasión especial-

- ¿Qué pensará Charlie de esto?- sacudí la cabeza con desaprobación mientras el subía y encendía el motor.

–La mayoría de población en Forks piensa que Carlisle es un ávido coleccionista de autos- aceleró a través del bosque hacia la carretera.

- ¿Y no es eso cierto?

-No, de hecho es más mi pasatiempo, Rosalie también los colecciona, pero ella prefiere jugar con la maquinaria que manejarlos, ha hecho muchos cambios en este para mí-

Yo seguía preguntándome por que regresábamos a casa de Charlie cuando nos estacionamos frente a ella. La luz de la terraza ya estaba encendida, aunque todavía no era el crepúsculo. Charlie debía estarnos esperando, probablemente observando por la ventana en ese momento, comencé a sonrojarme preguntándome si la primera reacción de mi padre sería similar a la mía, Edward rodeó el auto, lentamente para su velocidad, hasta llegar a mi puerta, confirmando mi suposición de que Charlie estaba mirando. Luego Edward me levantó cuidadosamente del pequeño auto, Charlie inusitadamente, salió al jardín para recibirnos, mis mejillas ardían, Edward se percató y me miró interrogante, Charlie ni siquiera me miró.

– ¿Es un Aston Martin?- Preguntó con voz reverente

-Sí, un vanquish (nombre del modelo*)- un tic apareció las comisuras de la boca de Charlie, pero intentó controlarlo, liberando la impresión con un silbido.

-¿Quieres probarlo? Edward levantó la llave. Los ojos de Charlie al fin se separaron del auto y miró a Edward con incredulidad, pero con un poco de esperanza.

–No- dijo reacio - ¿Qué diría tu padre?

–A Carlisle no le importará en lo absoluto- contestó Edward riendo sinceramente, -Adelante- dijo y oprimió las llaves en la dispuesta mano de Charlie.

–Bueno sólo un rápido paseo- Charlie ya estaba acariciando el guardabarros con una mano. Edward me ayudó a llegar a la puerta de la entrada, tomándome entre sus brazos tan pronto estuvimos dentro y llevándome a la cocina.

–Eso funcionó bien- dije – Ni siquiera tuvo tiempo de notar el vestido- Edward parpadeó – No había pensado en eso… - sus ojos observaron mi vestido de nuevo con expresión crítica- Bueno creo que es algo bueno que no nos hayamos llevado tu camioneta. Aparté la mirada a regañadientes de su rostro lo suficiente para darme de cuenta que la cocina estaba inusualmente poco iluminada. Había velas en la mesa, muchas, tal vez veinte o treinta velas blancas, la vieja mesa estaba cubierta con un largo y blanco mantel y había solo dos sillas.

– ¿En esto estuviste trabajando todo el día?

-No, esto tomó pocos segundos, lo que me tomó todo el día fue la comida, los restaurantes elegantes me fastidian y no hay muchos en esa categoría en los alrededores, pero decidí que no había queja de tu propia cocina. Me sentó en una de las sillas cubiertas de tela blanca y comenzó a acomodar cosas fuera del horno y del refrigerador, pero noté que sólo había puesto un lugar.

– ¿No planeas alimentar también a Charlie?, eventualmente regresará a casa.

–Charlie no podía probar ni un bocado más, ¿quien creías que iba a probar la comida? debía estar seguro de que era comestible. Colocó frente a mí un plato lleno de cosas que se veían comestibles Suspiré.

- ¿Sigues enojada? Jaló la otra silla alrededor de la mesa para poder sentarse junto a mí.

–No, bueno si, pero no en este preciso momento, sólo estaba pensando en la única cosa que podía hacer mejor que tú, se ve excelente, suspiré de nuevo.

Se rió entre dientes. –Ni siquiera lo has probado, se optimista, podría estar horrible- Probé un bocado, hice una pausa y una cara. – ¿Está horrible?

Preguntó consternado.


–No, naturalmente está delicioso.

- ¡Qué alivio!, sonrió, se veía tan bien. – No te preocupes, todavía hay muchas cosas en las que eres mejor.

–Menciona al menos una.

No respondió al principio, solo recorrió suavemente mi piel con su dedo frío por la línea de mi clavícula, atrapando mi mirada con ojos provocativos hasta que sentí mi piel ardiendo y enrojecida.

–Por ejemplo- murmuró tocando mi roja mejilla – Nunca he visto a nadie sonrojarse tan bien como lo haces tú.

–Maravilloso- fruncí el ceño – Reacciones involuntarias, algo de lo que puedo enorgullecerme.

–Ah sí, también eras la persona más valiente que conozco.

- ¿Valiente? – Pregunté en tono burlón

-Pasas todo tu tiempo libre en compañía de vampiros, para eso se necesita valor, y no dudas en colocarte en la peligrosa proximidad de mis dientes.

Sacudí la cabeza. – Sabía que no se te ocurriría nada- Rió

- Es en serio ¿sabes?, pero no importa, come- impaciente tomó mi tenedor por mi y comenzó a alimentarme, la comida esta buenísima claro está. Charlie llegó a casa cuando estábamos a punto de terminar, pero mi suerte se mantenía, estaba demasiado deslumbrado por el auto como para notar mi atuendo. Le regresó a Edward las llaves.

–Gracias Edward- sonrió soñadoramente- Eso es un auto de verdad.

–De nada.

- ¿Cómo estuvo todo? Charlie le lanzó una mirada a mi plato vacío.

–Perfecto- contesté en un suspiro.

– ¿Sabes Bella?, deberías dejarlo practicar su cocina en otra ocasión para nosotros- trató de sonar normal, pero su indirecta se entendió a la perfección.

–Seguro papá.

No fue hasta que ya nos dirigíamos a la puerta cuando Charlie despertó por completo, Edward tenía su brazo alrededor de mi cintura para ayudarme a balancearme; mientras yo me movía dificultosamente sobre mi inestable zapato.

–Hummm, te ves muy grande Bella- podía percibir un poco de desaprobación paternal en su voz.

–Alice me arregló, no había mucho que pudiera decir- Edward se rió de mi repuesta pero lo hizo tan bajo que sólo yo pude escuchar

-Ah, bueno si Alice… - comenzó a decir un tanto distraído – Te ves linda Bells – Hizo una pausa y con algo de suspicacia en los ojos me preguntó: - ¿Debería esperar que aparezcan más jóvenes en esmoquin esta noche?

Gruñí y Edward se rió de nuevo, ¿como alguien podía ser tan ajeno a las circunstancias como Tyler? , no podía comprenderlo, Edward y yo no habíamos sido precisamente reservado en la escuela, llegábamos juntos y regresábamos juntos, el me llevaba a la mitad de mis clases, todos los días me sentaba con el y su familia a la hora del almuerzo, tampoco Edward era tímido en el asunto de besarme frente a algunos testigos. Tyler claramente necesitaba ayuda de un profesional.
–Espero que no- respondió Edward a mi padre – Hay un refrigerado esta lleno de sobras – diles que se consuelen a sí mismos.

–No lo creo, esos son míos- agregó Charlie.

–Anota los nombres para mí Charlie – el rastro de amenaza posiblemente era solo audible para mí - Es suficiente – les ordené a ambos

Afortunadamente llegamos al auto y Edward arrancó

De compras con Alice

El coche era liso, blanco y potente; sus ventanas estaban tintadas de un negro limo. El motor ronroneó como un gran coche mientras nos apresurábamos a través de la oscura noche. Jasper conducía con una mano, despreocupadamente según parecía, pero el poderoso coche voló hacia delante con perfecta precisión.

Alice se sentó conmigo en el asiento de piel negra. De alguna manera, durante la larga noche, mi cabeza había acabado contra su cuello de granito, sus fríos brazos envolviéndome, su mejilla apoyada en lo alto de mi cabeza. El frente de su fina camisa de algodón estaba frío, húmedo por mis lágrimas. Ahora y entonces, si mi respiración crecía desigual, ella murmuraría de forma calmante; en su veloz y aguda voz, los estímulos sonaban como cantando. Para mantenerme en calma, me centré en el tacto de su fría piel; era como una conexión física con Edward.

Ambos me habían asegurado –cuando me percaté, con pánico, de que todas mis cosas seguían en la furgoneta- que dejarlo atrás era necesario, algo que hacer con el olor. Me dijeron que no me preocupara por las ropas ni el dinero. Trataba de creerles, haciendo un esfuerzo para ignorar lo incómoda que estaba en el equipo de prueba de Rosalie (¿? supongo que se refiere a alguna ropa de Rosalie, un chándal, no sé…). Era una cosa trivial de la que preocuparse.

En las llanas carreteras, Jasper nunca condujo el robusto coche a menos de 120 millas por hora. Parecía completamente inconsciente de los límites de velocidad, pero nunca vimos un coche patrulla. Las únicas rupturas en la monotonía de la conducción fueron las dos paradas que hicimos para carburante. Noté ociosa que Jasper fue adentro a pagar a efectivo ambas veces.

El amanecer comenzó a abrirse cuando estábamos en alguna parte en el norte de California. Miré con los ojos secos, semicerrados, como la luz gris se irradiaba a través del cielo despejado. Estaba exhausta, pero el sueño había desaparecido, mi mente demasiado llena de imágenes perturbadoras como para relajarme en la inconsciencia. La destrozada expresión de Charlie –el brutal gruñido de Edward, con los dientes al descubierto- la penetrante mirada fija del perseguidor –la expresión triste de Laurent- la mirada muerta en los ojos de Edward después de que él me besara la última vez; como si todavía centellearan frente a mis ojos, mis sentimientos alternando entre el terror y la desesperación.

En Sacramento, Alice pidió a Jasper que parara, para conseguirme comida. Pero sacudí mi cabeza cansadamente, y le dije que siguiese conduciendo con voz apagada.

Unas pocas horas después, en un suburbio a las afueras de L.A. (Los Ángeles), Alice le volvió a hablar suavemente, y él salió de la autovía al sonido de mis débiles protestas. Un gran centro comercial era visible desde la autovía, y se dirigió allí, entrando en el estacionamiento, abajo en la planta subterránea para aparcar.

- Quédate en el coche- le ordenó a Jasper.

- ¿Estás segura?- él sonaba receloso.

- No veo a nadie más por aquí - dijo ella. Él asintió, accediendo.

Alice me cogió de la mano y me sacó del coche. Se aferró a mi mano, manteniéndome cerca de ella mientras caminábamos por el oscuro garaje. Ella rodeó el borde del garaje, manteniéndose en las sombras. Aprecié cómo su piel parecía brillar en la luz del sol que se reflejaba de la acera. El centro comercial estaba abarrotado, varios grupos de compradores pasaban, algunos girando la cabeza para vernos pasar cerca.

Caminamos bajo un puente que cruzaba desde el nivel superior del aparcamiento al segundo local de un gran almacén, siempre manteniéndonos fuera de la luz solar directa.


Una vez dentro, bajo las luces fluorescentes del almacén, Alice parecía menos destacada –simplemente una muchacha alarmantemente pálida, pero con oscuros ojos y pelo negro puntiagudo. Estaba segura de que las ojeras bajo mis propios ojos eran más evidentes que las suyas. Todavía captamos la atención de alguno que echó un vistazo en nuestra dirección. Me preguntaba lo que pensaban que veían. La delicada y danzarina Alice, con su llamativo rostro de ángel, vestida de un modo ligero, pálidas prendas que no disminuían lo suficiente su palidez, manteniendo sus manos conmigo, obviamente controlando, mientras yo arrastraba cansadamente mis torpes pies pero costosas ropas, mi agarrotado pelo enrollado en nudos a mi espalda.

Alice me condujo inevitablemente a la tienda de alimentos.

- ¿Qué quieres comer?

El olor de las comidas rápidas grasientas dobló mi estómago. Pero la mirada de Alice no dejaba lugar a la persuasión. Pedí sin entusiasmo un bocadillo de pavo.

- ¿Puedo ir al baño? - pregunté en cuanto nos dirigimos a la cola.

- Vale - y cambió de dirección, sin soltar mi mano.

- Puedo ir sola - La atmósfera banal del genérico centro comercial me hizo sentir lo más normal que había tenido desde nuestro desastroso juego de anoche.

- Lo siento, Bella, pero Edward va a leer mi mente cuando esté aquí, y si ve que te he dejado fuera de mi vista durante un minuto…- ella se calmó, no dispuesta a contemplar las horribles consecuencias.

Al menos esperó fuera del abarrotado cuarto de baño. Me lavé la cara, así como las manos, ignorando las asustadas miradas de las mujeres de mí alrededor. Traté de peinarme el pelo con los dedos, pero rápidamente me rendí. Alice cogió mi mano de nuevo en la puerta, y volvimos lentamente a la cola de la comida.

Yo estaba retrasándome, pero ella no se mostraba impaciente conmigo.

Me miraba comer, primero despacio y luego más deprisa a medida que volvía mi apetito. Bebí la soda que ella me compró tan rápido que me dejó por un momento –sin quitarme la vista de encima, claro- para conseguirme otra.

- La comida que tú comes es definitivamente más conveniente - comentó cuando acabé -pero no parece más divertido.

- Me imagino que cazar es más excitante.

- No te haces idea - Centelleó con una amplia sonrisa de brillantes dientes, y varias personas giraron la cabeza en nuestra dirección.

Tras tirar nuestra basura, me condujo por lo anchos pasillos del centro comercial, sus ojos reluciendo aquí y allá ante algo que ella quería, acarreándome junto a ella en cada parada. Se detuvo por un momento ante una cara boutique para comprar tres pares de gafas de sol, dos de mujer y uno de hombre. Noté la mirada del vendedor hacia ella con una nueva expresión cuando ella le entregó una inusual y pulcra tarjeta de crédito con líneas doradas cruzándola. Encontró una tienda de accesorios donde tomó un cepillo y gomas del pelo.

Pero en realidad no dejó los negocios hasta que me introdujo en el tipo de tiendas que yo nunca frecuentaba, porque el precio de un par de calcetines estaba fuera de mi alcance.

- Tienes aproximadamente una talla 2 - Era una declaración, no una pregunta.

Me utilizó como una mula de carga, lastrándome con una escalonada cantidad de ropa. Aquí y allí podía verla alcanzando una talla extra-pequeña cuando escogía algo para ella misma. Las prendas que seleccionaba para sí misma eran todas en materiales ligeros, pero con longitud o largas hasta el suelo, diseñadas para cubrir el máximo posible de su piel. Un sombrero negro de paja de ala ancha coronó la montaña de ropas.

La dependienta tuvo una reacción similar ante la inusual tarjeta de crédito, volviéndose más servicial, y llamando a Alice “señorita”. Aunque el nombre que pronunció era desacostumbrado. Una vez de nuevo fuera del centro comercial, con nuestros brazos cargados de bolsas, de las cuales ella cargaba la parte de un león, le pregunté sobre ello.

- ¿Qué te llamó?

- Esa tarjeta de crédito dice Rachel Lee. Vamos a ser muy cuidadosos para no dejar ningún tipo de pista para el rastreador. Vayamos a cambiarte.

Pensé sobre ello cuando ella me llevó de vuelta a los aseos, poniéndome en el recinto para minusválidos de modo que tuviera sitio para moverme. La escuché rebuscando en las bolsas, para finalmente pasarme un ligero vestido azul de algodón por encima de la puerta. Agradecida me quité los vaqueros muy largos y muy ajustados de Rosalie, di un tirón a la blusa que me envolvía en todos los lugares erróneos, y se los arrojé por encima de la puerta. Me sorprendió pasándome un par de suaves sandalias de piel por debajo de la puerta – ¿cuándo las había adquirido? El vestido me sentaba asombrosamente bien, el costoso corte evidente en la manera en que encajaba a mí alrededor.

En cuanto dejé el recinto noté que estaba tirando las ropas de Rosalie a la papelera.

- Guarda tus zapatillas de deporte - dijo. Las puse arriba de una de las bolsas.

Volvimos al garaje. Alice logró menos miradas esta vez; estaba tan cubierta por bolsas que su piel era apenas visible.

Jasper estaba esperando. Se deslizó fuera del coche ante nuestro acercamiento –el maletero estaba abierto. Mientras alcanzaba primero mis bolsas, echó a Alice una mirada sarcástica.

- Sabía que debía haber ido - murmuró.

- Sí - reconoció ella - te habrían apreciado en el baño de mujeres.

Él no respondió.

Alice removió rápidamente entre sus bolsas antes de ponerlas en el maletero. Le pasó a Jasper un par de gafas de sol, poniéndose ella otro par. Me pasó el tercer par, y el cepillo del pelo. Y sacó una camisa larga, fina, negra transparente, poniéndosela encima de su camiseta, dejándola abierta.

Por último, añadió el sombrero de paja. En ella, el improvisado traje parecía corresponder a una pista de aterrizaje (¿? runway). Ella agarró un puñado más de ropas y, envolviéndolas en una bola, abrió la puerta trasera e hizo una almohada sobre el asiento.

- Necesitas dormir ya - ordenó firmemente. Avancé despacio y obedientemente en el asiento, posando mi cabeza al instante, acurrucándome en mi lado. Estaba medio dormida cuando el coche arrancó.

- No deberías haberme comprado todas estas cosas - mascullé.

- No te preocupes por eso, Bella. Duerme - Su voz era reposada.

- Gracias - suspiré, y caí en un incómodo sueño.

Fue el dolor de dormir en una posición apretada lo que me despertó. Estaba todavía exhausta, pero de repente estaba nerviosa en cuanto recordé dónde estaba. Me senté para ver el Valle del Sol fuera, delante de mí; la extensión amplia, llana, de tejados, palmeras, autopistas, niebla tóxica y piscinas, abrazada por los peñascos pequeños y rocosos que llamamos montañas. Estuve sorprendida de no sentir ninguna sensación de alivio, sólo una añoranza fastidiosa de los cielos lluviosos y los espacios verdes del lugar que para mí significa Edward. Sacudí mi cabeza, intentando hacer retroceder el inicio de desesperación que amenazaba con abrumarme.

Jasper y Alice estaban hablando; conocedores, estoy segura, de que estaba consciente de nuevo, pero no dieron ninguna señal de ello. Sus veloces y suaves voces, una grave, una aguda, enlazándose musicalmente a mí alrededor. Deduje que estaban discutiendo dónde permanecer.

- Bella - Alice se dirigió a mí casualmente, como si ya fuera parte de la conversación - ¿Cuál es el camino al aeropuerto?

- Sigue por la I-10 - dije automáticamente - pasaremos justo por él.

Pensé por un momento, mi cerebro todavía confuso por el sueño.

- ¿Vamos a volar a algún sitio? - pregunté.

- No, pero es mejor estar cerca, por si acaso - Abrió su teléfono móvil, y por lo visto llamó a información. Hablaba más despacio de lo habitual, preguntando por hoteles cerca del aeropuerto, de acuerdo con una sugerencia, luego esperando mientras era puesta en contacto. Hizo reservas para una semana bajo el nombre de Christian Bower, recitando a toda prisa un número de tarjeta de crédito sin siquiera mirarlo. La escuché repitiendo direcciones por el bien del operador; estoy segura de que ella no necesitaba ayuda con su memoria.

La vista del teléfono me había recordado mis responsabilidades.

- Alice - dije cuando ella acabó - Necesito llamar a mi padre - Mi voz era seria. Ella me pasó el teléfono.

Era a última hora de la tarde; estaba deseando que él estuviera en el trabajo. Pero respondió al primer tono. Me abatí, imaginando su ansiosa cara por el teléfono.

- ¿Papá? - dije vacilante.

- ¡Bella! ¿Dónde estás, cariño? - la fuerte revelación llenó su voz.

- Estoy en la carretera - No era necesario hacerle saber que yo había hecho un recorrido de 3 días durante la noche.

- Bella, tienes que dar la vuelta.

- Necesito ir a casa.

- Cariño, hablemos de esto. No necesitas irte sólo por un chico - Podría decir que él estaba siendo muy cuidadoso.

- Papá, dame una semana. Necesito pensarme las cosas, y luego decidiré si vuelvo. No tiene nada que ver contigo, ¿de acuerdo? - Mi voz tembló levemente - te quiero, papá. Sea lo que sea lo que decida, te veré pronto. Lo prometo.

- De acuerdo, Bella - Su voz era resignada - Llámame cuando llegues a Phoenix.

- Te llamaré desde casa, papá. Adiós.

- Adiós, Bella - Vaciló antes de colgar.

Por lo menos estaba de buenas con Charlie de nuevo, pensé mientras devolvía el teléfono a Alice. Ella me observaba atentamente, quizás esperando por otro bajón emocional. Pero yo sólo estaba muy cansada.

La familiar ciudad voló por mi oscura ventanilla. El tráfico era ligero. Transitamos rápidamente por el centro de la ciudad y luego viramos alrededor de la parte norte de Sky Harbour International, girando al sur en Temple. Sólo en el otro lado del húmedo cauce del Río Salt (Río de la Sal), a una milla o así del aeropuerto, Jasper salió ante la orden de Alice. Ella le dirigió fácilmente a través de las superficiales calles a la entrada del aeropuerto Hilton.

Yo había estado pensado en el Motel 6, pero estaba segura de que ellos se cepillarían cualquier preocupación por el dinero. Aparentaban tener una reserva sin fin.

Entramos en el aparcamiento bajo la sombra de un gran toldo, y dos botones se colocaron rápidamente al lado del impresionante automóvil. Jasper y Alice bajaron del coche, pareciéndose mucho a estrellas del cine con sus oscuras gafas. Yo bajé torpemente, rígida por las largas horas en el coche, sintiéndolo acogedor. Jasper abrió el maletero, y el solícito personal rápidamente colocó nuestras bolsas de la compra en un carrito. Estaban demasiado bien entrenados como para mostrar ninguna mirada sorprendida ante nuestra carencia de un verdadero equipaje.

El coche había estado muy fresco en su oscuro interior; andando por la tarde de Phoenix, hasta en la sombra, era como pegar mi cabeza dentro de un horno de asar. Por primera vez en ese día, me sentí en casa.

Jasper cruzó en un paso con seguridad por el vestíbulo vacío. Alice se mantuvo con cuidado a mi lado, los botones tras nosotros llevando con impaciencia nuestras cosas. Jasper se acercó al escritorio con su aire inconscientemente majestuoso.

- Bower - fue todo lo que dijo a la aparentemente profesional recepcionista. Ella rápidamente procesó la información, con sólo un mínimo vistazo hacia el ídolo de pelo dorado delante de él traicionando su cuidadosa eficiencia.

Fuimos conducidos rápidamente a nuestra gran suite. Sabía que los dos dormitorios eran por mera apariencia. Los botones descargaron eficientemente nuestras bolsas mientras me sentaba cansadamente en el sofá y Alice danzaba a examinar otros espacios. Jasper les dio la mano cuando se iban, y la mirada que intercambiaron en su salida hacia la puerta era más que satisfecha; era complacida. Luego estuvimos solos.

Jasper fue a las ventanas, cerrando los dos niveles de cortinas con seguridad. Alice apareció y dejó caer un menú de servicio de habitaciones en mi regazo.

- Pide algo - aconsejó.

- Estoy bien - dije sin entusiasmo.

Me lanzó una oscura mirada, y recuperó el menú. Quejándose de algo acerca de Edward, levantó el teléfono.

- Alice, de verdad - comencé, pero me miró en silencio. Apoyé mi cabeza en el reposabrazos del sofá y cerré los ojos.

Una llamada en la puerta me despertó. Salté tan rápido que me deslicé por la derecha del sofá al suelo y me golpeé la frente contra la mesa de centro.

-Ouh - dije, aturdida, acariciándome la cabeza.

Escuché a Jasper reírse una vez, y levanté la vista para verle tapándose la boca, intentando ahogar el resto de su diversión. Alice llegó a la puerta, presionando sus labios firmemente, los bordes de su boca estirándose.

Me ruboricé y me eché hacia atrás en el sofá, sosteniendo mi cabeza en mis manos. Era mi comida; el olor de carne roja, queso, ajo y patatas arremolinándose de manera atractiva a mi alrededor. Alice llevó la bandeja tan hábilmente como si hubiera sido camarera durante años, y la colocó en la mesa ante mis rodillas.

- Necesitas proteínas - explicó, levantando la plateada tapa semiesférica para mostrar un gran filete y una decorativa escultura de patata -Edward no estará contento contigo si tu sangre huele anémica cuando él esté aquí - Estaba segura de que estaba bromeando.

Ahora que podía oler la comida estaba hambrienta de nuevo. Comí veloz, sintiendo volver mi energía en cuanto los azúcares llegaron a mi torrente sanguíneo. Alice y Jasper me ignoraban, viendo las noticias y hablando tan rápida y calladamente que no pude entender ni una palabra.

Un segundo golpe sonó en la puerta. Salté sobre mis pies, evitando por poco otro accidente con la medio vacía bandeja en la mesa de centro.

- Bella, necesitas calmarte - dijo Jasper, mientras Alice respondía a la puerta. Un miembro del personal de limpieza le dio una pequeña bolsa con el logotipo del Milton y se fue rápidamente. Alice lo trajo y me lo entregó. Lo abrí para encontrar un cepillo de dientes, pasta de dientes, y todas las demás cosas críticas que me había dejado en mi camioneta. Las lágrimas aparecieron en mis ojos.

- Sois tan amables conmigo…- miré a Alice y luego a Jasper, agobiada.

Había notado que Jasper era normalmente el más cuidadoso en mantener las distancias conmigo, de modo que me sorprendió cuando vino a mi lado y colocó su mano en mi hombro.

- Ahora eres parte del clan - bromeó, sonriendo calurosamente. De repente sentí un pesado agotamiento fluyendo por mi cuerpo; mis párpados eran de alguna manera demasiado pesados para mantenerse abiertos.

- Muy sutil, Jasper - escuché a Alice decir en tono sarcástico. Sus fríos y delgados brazos resbalaron bajo mis rodillas y a mis espaldas. Ella me levantó, pero yo estaba dormida antes de que me depositara en la cama.

Era muy temprano cuando me desperté. Había dormido bien, sin sueños, y estaba más alerta de lo que solía estar al despertar. Estaba oscuro, pero había destellos azulados de luz proviniendo desde debajo de la puerta. Alcancé el lado de la cama, intentando encontrar una lámpara en la mesilla de noche. Una luz apareció sobre mi cabeza, resoplé, y Alice estaba allí, arrodillándose a mi lado en la cama, su mano en la lámpara que fue insensatamente montada sobre la cabecera.

- Lo siento - dijo mientras yo me desplomaba de alivio hacia atrás, sobre la almohada - Jasper tiene razón - continuó - necesitas relajarte.

- Bien, no le digas eso a él - me quejé - Si él intenta relajarme más, entraré en coma.

Se rió tontamente.

- Lo has advertido, ¿eh?

- Si él me golpeara la cabeza con un sartén habría sido menos obvio.

- Necesitabas dormir - Se encogió de hombros, sonriendo todavía.

- Y ahora necesito una ducha, ¡hala! - Me di cuenta de que todavía llevaba el ligero vestido azul, el cual estaba más arrugado de lo que tenía derecho a estar. Mi boca sabía turbia.

- Creo que vas a tener una magulladura en la frente- mencionó mientras me dirigía al baño.

Después de haberme aseado, me sentí mucho mejor. Me puse las prendas que Alice dejó para mí en la cama, una camisa verde militar que parecía estar hecha de seda, y pantalones cortos marrones de lino. Me sentí culpable, ya que mis nuevas cosas eran mucho más agradables que cualquiera de las prendas que había dejado atrás.

Fue agradable hacer algo por fin con mi pelo; los champúes del hotel eran de una marca de buena calidad y mi pelo resplandeció de nuevo. Me tomé mi tiempo en secarlo con perfecta rectitud. Tuve el presentimiento de que no haríamos gran cosa hoy. Una estrecha inspección en el espejo reveló una sombra oscureciendo mi frente. Fabuloso.

Cuando al fin aparecí, la luz brillaba al máximo alrededor de los bordes de las gruesas cortinas. Alice y Jasper estaban sentados en el sofá, mirando fija y pacientemente la televisión, con el sonido casi apagado. Había una nueva bandeja de comida en la mesa.

- Come - dijo Alice, señalándola firmemente.

Me senté obediente en el suelo, y comí sin sentir la comida. No me gustaba la expresión de ninguna de sus caras. Estaban demasiado quietos. No apartaban la vista de la pantalla, ni siquiera cuando echaban anuncios. Empujé la bandeja a un lado, con el estómago repentinamente revuelto. Alice miró hacia abajo ahora, observando con mirada disgustada la bandeja todavía llena.

- ¿Qué es lo que va mal, Alice? - pregunté dócilmente.

- Todo va bien - Me miró con ojos abiertos y sinceros que no me creí ni por un segundo.

- Bien, ¿qué hacemos ahora?

- Esperaremos a que Carlisle llame.

- ¿Y no debería haber llamado ya? - Me pareció que me iba acercando al meollo del asunto. Los ojos de Alice revolotearon desde los míos hacia el teléfono que estaba encima de su bolso; luego volvió a mirarme.

- ¿Qué significa eso? - me temblaba la voz y luché para controlarla - ¿qué quieres decir con que no han llamado?

- Simplemente que no tienen nada que decir - Pero su voz sonaba demasiado monótona y el aire se me hizo más difícil de respirar.

- Bella - dijo Jasper con una voz sospechosamente tranquilizadora - no tienes de qué preocuparte. Aquí estás completamente a salvo.

- ¿Crees que es por eso por lo que estoy preocupada? - pregunté con incredulidad.

- ¿Entonces por que? - Él estaba también confundido. Aunque podía sentir el tono de mis emociones, no podía saber las razones que las motivaban.

- Ya oíste a Laurent - mi voz era sólo un susurro, pero estaba segura de que podía oírme, sin duda - Dijo que James era mortífero. ¿Qué pasa si algo va mal y se separan? Si cualquiera de ellos sufriera algún daño, Carlisle, Emmett… Edward... - Tragué saliva - Si esa mujer brutal le hace daño a Rosalie o Esme... - hablaba cada vez más alto, y en mi voz apareció una nota de histeria - ¿Cómo podré vivir después sabiendo que fue por mi culpa? Ninguno de vosotros debería arriesgarse por mí...

- Bella, Bella, para... - me interrumpió Jasper, sus palabras fluyendo rápidamente - Te preocupas por lo que no debes, Bella. Confía en mí en esto: ninguno de nosotros está en peligro. Ya soportas demasiada presión tal como están las cosas, no hace falta que le añadas todas esas innecesarias preocupaciones. ¡Escúchame! - me ordenó, porque yo había vuelto la mirada a otro lado - Nuestra familia es fuerte. Nuestro único temor es perderte.

- Pero ¿por qué...? - Alice me interrumpió esta vez, tocándome la mejilla con sus dedos fríos.

- Edward lleva solo casi un siglo. Ahora te ha encontrado, y nuestra familia está completa. ¿Crees que podríamos mirarle a la cara los próximos cien años si te pierde?

La culpa remitió lentamente cuando me sumergí en sus ojos oscuros. Pero, incluso mientras la calma se extendía sobre mí, sabía que no podía confiar en mis sentimientos con Jasper presente.



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